19.11.10

DISCURSO NATURAL-ARTIFICIAL Cap. III (Autoría del fin del mundo)

En otro orden y casi en el mismo de las cosas, el proceso artificial nos lleva todavía a un problema de mayor envergadura, la catástrofe natural provocada por nuestro artificial desenfreno. Haciendo un análisis quizá demasiado somero sobre la autoría del fin del mundo (que daría para un libro entero en profundidad), descubre uno que la evolución humana es paralela en todas las disciplinas que queramos. Pongamos pues la autoría del fin del mundo como título. Desde los inicios del hombre, y por poner un ejemplo que lo ilustre citaré Stonenghe, ya creamos dioses que en un principio eran el sol, la luna, en resumen todo lo que se veía y tenía enigma; estos dioses tenían la capacidad de enviarnos terremotos, lluvias y catástrofes varias por nuestro siempre admitido mal comportamiento; después decidimos que los dioses (que seguían siendo muchos) podían ser también antropomorfos (griegos, romanos) e incluso zoomorfos (egipcios), estos dioses también se indignaban con nosotros por el susodicho mal comportamiento y por tanto eran ellos los hacedores de todas las catástrofes, aunque la responsabilidad seguía siendo nuestra. La edad medieval trajo un solo dios verdadero que tampoco tuvo mucha paciencia con nosotros y se convirtió en el castigador de nuestros actos, este dios seguía siendo el hacedor de nuestras catástrofes y nosotros los responsables; con la época renacentista y las posteriores fuimos convenciéndonos de que más que dios somos nosotros nuestro centro y que por tanto las catástrofes se explican de una manera u otra, en la época romántica aceptábamos los desastres naturales hasta con complacencia, habíamos llegado al equilibrio de se cae me cae todo encima pero yo sencillamente lo comprendo; por último y teniendo en cuenta que hemos llegado a modificar estados naturales por nuestra mano artificial, ya sin problema ninguno en reconocer que no hay dioses que valgan y que si hay dios somos nosotros, la autoría del fin del mundo se concentra ya en “nos lo guisamos y nos lo comemos”, no sólo somos los responsables como siempre y no sólo ya lo comprendemos, sino que somos nosotros mismos los que lo gestamos, ahora ya cometemos un delito que revierte en nosotros, a falta de dioses buenas son tortas. En la eterna dualidad nuestro mal lleva castigo y el sueño desencanto.

2 comentarios:

Arturo Valmonte dijo...

Si Andán y Eva no hubiesen satisfecho su deseo (¿artificial?) de probar la manzana prohibida, no estaríamos ahora mareándonos entre estas antinomias (¿artificiales?) como pelotas de ping-pong: natural-artificial, bien-mal, campo-ciudad, belleza-fealdad... Me gusta tu blog.

Salud!

Josemy dijo...
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