19.11.10

DISCURSO NATURAL-ARTIFICIAL CAP. II (Ciencia y publicidad)

A la ciencia le ha costado que el profano se acerque a su templo, los sanadores han tardado bastante en vender su crecepelo, al sacerdote le cuesta hacer ver a sus adeptos la urgente necesidad de compartir a su dios, que existe sólo con fe; pero todos ellos han entendido que la manera perfecta de introducir al ganado-perdido es la demostración empírica: si demuestro científicamente que esto es así, será así. Aquí lo artificial es positivo, puesto que remedia o consuela. Un champú lava más y mejor si lleva un componente científico, pero todavía será más provechoso para nuestra salud si no tenemos ni idea de en qué consiste ese componente; esto es, si el champú en cuestión lleva micropartículas de cera, será mucho más suavizante por la cera y efectivo por las micropartículas. En realidad aquí no hay duda, lo artificial es mucho más sano lo que resulta irónico después de ver que las micropartículas de un pesticida que a su vez son negativas por lo artificial salvan a la planta de lo natural y la planta se convierte por simbiosis en artificial y por tanto a nosotros nos afecta de manera negativa.
Más allá de estos conceptos, el publicista y el empresario conscientes de la idea prefijada de los consumidores, deciden la evolución pongamos por caso del yogur (que es un ejemplo fascinante): fue primero el yogur “de toda la vida”, esto es, el yogur con su proceso casero, adjetivo que aparece no por casualidad (casero es igual a natural también en este caso); poco después aparece el yogur con tropezones de fruta, después ya la fruta se disuelve en el yogur, acto seguido y en esta competencia feroz aparece el yogur con bífidus activo que ya es la sofisticación del término yogur, más adelante y a efectos de la tecnología de la alimentación extraen la vitamina de otro alimento y se la adhieren al yogur, aparece el yogur con vitamina c y bífidus activo, pero ante la creciente demanda de sabores de “toda la vida” deciden por fin cerrar el círculo y acabar en un yogur que “sabe al de toda la vida” pero que en modo alguno es el de “toda la vida”, puesto que aquí no se puede retroceder a lo natural, sería claramente negativo.
Procesamos ambos términos de una manera inconsciente a través de lo que la publicidad nos dicta, muy a sabiendas de que todo es en realidad natural y lo artificial nuestra manera de sobrevivir a lo inevitable.

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